22 Poemas y La Máquina Electrónica 
o Como Desesperar a los Ejecutivos
Miguel Oscar Menassa -1966

                                                                                                                                                    
CARTA

Bienaventurados los que no creen porque de ellos depende la paz.
Bienaventurada tu piel porque de ella depende mi juventud.

Amor mío:
En esta ciudad donde la confusión se encuentra detrás de cada puerta, detrás de
cada oscuridad, amor mío; en esta ciudad donde vos y yo vivimos, es decir, donde vos y yo
sabemos, está nuestra historia, nuestra infancia, nuestros desagradables brutos
interiores, en esta terrible ciudad quiero decirte alguna palabra, mostrarte algún hecho
enloquecedor, algo que nunca puedas olvidar.
Decirte por ejemplo, que cuando era adolescente vendía fantasías en el mercado
Inclán, que tomaba bebidas alcohólicas y me masturbaba sin ninguna preocupación. En
tanto el amor me acechaba.
Después o antes, en verdad no puedo precisarlo correctamente, escribí mi primer
poema. Decía de claridades amenazantes después de la noche, claridades de temor,
permanentes claridades y un beso, eso sí lo recuerdo bien un beso en medio de la
muchedumbre, quiero decirte yo le daba un beso a una mujer y la muchedumbre estaba
ahí para mirarme, para decirme, que a esa edad, la mía, estaba muy mal que yo besara
a una muchacha.
Pero yo sé bien que todo esto no es lo suficientemente terrible para que te parezca
misterioso. Vos conocés todas mis palabras.
Antes de nosotros el silencio, después fue fácil aprenderlo todo.
Qué decirte entonces, qué poder mostrarte, para que rías, amor mío, tan fuerte, como
para que ya nadie pueda perdonarte.


                                                          

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